El pasado 7 de febrero, nos reunimos en el Velódromo Olímpico para disfrutar de una de las bandas más importantes, emblemáticas e influyentes de su época: Kansas.
Esta vez sería distinto. Se trató de un show más íntimo, especialmente significativo para una banda que viene de celebrar múltiples hitos a lo largo de su carrera, incluida una trayectoria que supera varias décadas. Kansas no solo se ha consolidado como una de las agrupaciones más destacadas del rock progresivo, sino también como una de las más estables y prolíficas del género.
La noche era fría, pero ni el frente frío logró frenar a los seguidores de la banda. Puntuales, a las 9 en punto, Kansas apareció en el escenario para dar inicio a una velada memorable.
El concierto arrancó con Point of Know Return, Paradox y What’s on My Mind, marcando desde el inicio una conexión inmediata con el público. La banda se mostró emocionada y agradecida, con una energía que no pasó desapercibida para nadie. Tras agradecer la presencia de los asistentes en esa fría noche, continuaron con Play the Game Tonight, Fight Fire With Fire, Jets Overhead, Child of Innocence y The Wall.
Algo que se volvió evidente conforme avanzaba el show fue el creciente involucramiento del público: cada vez más personas se levantaban para aplaudir, cantar o simplemente acercarse un poco más al escenario para no perder detalle.










El concierto continuó con Song for America, tema que la propia banda describió como uno de los más complejos de interpretar. Fue un momento hipnótico; la atención estaba completamente puesta en el escenario, sin distracciones, siguiendo cada movimiento y cada nota.
Más adelante llegó uno de los momentos más esperados de la noche: Dust in the Wind. Un himno absoluto que hizo que nadie permaneciera en silencio y que recorrió el recinto como una corriente eléctrica, despertando emociones compartidas entre generaciones.
La noche siguió su curso hasta que la banda se despidió momentáneamente con Miracles Out of Nowhere. Sin embargo, ante la insistencia del público, Kansas regresó al escenario para cerrar de manera contundente con Carry On Wayward Son, despidiéndose entre aplausos y con la promesa de volver en algún momento futuro.
Fue una noche mágica e impresionante. De principio a fin, la banda no dejó de demostrar su maestría y su impecable técnica. Ver a Kansas en vivo fue, simplemente, presenciar a maestros haciendo lo que mejor saben hacer.
Agradecemos a MusicVibe por la confianza.





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