Alesana y una escena que nunca dejó de mutar

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La escena post-hardcore actual es irreconocible si se compara con la que vio nacer a Alesana en 2004. Las plataformas digitales redefinieron el consumo musical, los géneros se diluyeron y la inmediatez reemplazó a la construcción de obra.

Sin embargo, la banda permanece. No como un vestigio nostálgico, sino como una agrupación que sigue encontrando eco en nuevas audiencias.

La clave de su vigencia radica en que nunca persiguieron tendencias. Desde sus inicios, su propuesta se sostuvo sobre tres pilares que no caducan: narrativa, emoción y entrega.

Sus discos funcionan como relatos trágicos donde el oyente no solo escucha una canción, sino que se involucra en un universo completo.

En una era dominada por el consumo rápido, esta profundidad se ha convertido en un valor diferencial. Hoy, cuando el público busca experiencias más inmersivas, la narrativa de Alesana resulta más vigente que nunca.

En una escena que ha cambiado radicalmente, Alesana no sobrevive por adaptación forzada, sino por coherencia. Porque algunas propuestas no envejecen: se transforman en referentes. Y mientras exista la necesidad de convertir el caos emocional en arte, la banda seguirá teniendo un lugar —en los reproductores, en los escenarios y en la memoria.

Jocelyn Flores

Fotógrafa profesional

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